Después de cinco años, Julita Conde vuelve a realizar un proyecto personal en stop motion con Flor de Cristal, un cortometraje que marca su regreso a la animación artesanal. La obra, actualmente en etapa de preproducción, nació como una fábula sobre plantas y autoestima, una suerte de spin off de su trabajo anterior Espinas. El guion fue escrito en los últimos años de su carrera y permaneció archivado entre bocetos y storyboards hasta hoy.
En una reflexión íntima, Julita comparte su amor por la animación, un arte que describe como exigente pero irremplazable. “No sé qué vendrá, no sé si estaré a la altura, pero voy a seguir dándolo todo por este arte que me ha devuelto tanto”, confiesa. Flor de Cristal se presenta como un acto de fe creativa y emocional, una reafirmación de la sensibilidad humana detrás de cada cuadro animado.
